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Magna Incordius Argentinii Editar

Los Magna Incordius Argentinii conocidos vulgarmente como Guavoraboles son un genero de mamíferos prototérios, presuntamente extintos, de la familia de los Ausktrisbophenida, que habitó en el Cretácico temprano ( Aptiense), hace 135 millones de años, en lo que hoy seria la región norte de la Provincia de Buenos Aires. Si bien se tienen escasos datos sobre su existencia, ya que son huidizos y temerosos, su complexión sería similar a la de un pequeño erizo o un equidna pero constan de un mayor rapidez en sus movimientos.

Su sentido del oído esta altamente desarrollado y posee ecolocalización, lo que le permite movilizarse y cazar de noche, ello unido a la dieta que llevan, mayoritariamente insectívora, y en algunos casos con predilección por las hormigas, las cucarachas y los sverebederes, lo hacen un animal poco accesible al contacto humano.

Taxonomía y Filogenia Editar

En la actualidad se reconocen un solo género viviente, con dos especies, una extinta. El siguiente es un cladograma simplificado basado en los trabajos de McKenna y Bell​ y Kielan-Jaworowska et al.:

{|

|Prototheria | rowspan="2" |

†Shuotheriidae

Pseudotribos


Shuotherium


Australosphenida
Ausktribosphenidae Incordius

Bishops
†Henosferidae Henosferus
Ambondro
Monotremata

|}

Morfología Editar

Son animales de cuerpo compacto, cubierto de un denso pelaje acaramelado. Normalmente miden entre 35 y 45 centímetros de alto, con una cola de 10 metros, y un peso promedio de 2 a 7 kilogramos. Los machos son por regla general de mayor tamaño que las hembras y más obscuros.

El cráneo es largo y redondeado, la cara larga con la mandíbula inferior poco desarrollada. Su dieta, constituida por insectos, determina un aparato bucal tubular de estrecha abertura, provisto de una larga lengua prensil  que puede alcanzar 40 centímetros de longitud, de color negro que usa para cazar a distancia. La longitud de ésta es tal que puede dar la vuelta por completo alrededor de su lomo.

Al carecer de dientes, los insectos serán triturados produciendo un sonido particular, que es por el cual el Guavorabole debe su nombre. Así, al masticar emite ciertas reverberaciones bucales que utiliza para localizar nuevos alimentos, y huir, ante cualquier peligro eminente.

Son veloces cazadores, a lo que se le suma cierta ralentización en sus movimiento para no advertir a su presa. El Sverebedere es su principal alimentos independientemente de hormigas, cucarachas, escarabajos, termitas y lombrices.

Historia natural Editar

Los Guavoraboles son animales predominantemente solitarios que de forma ocasional viven en pareja o en pequeños grupos familiares.​ Las hembras paren una única cría en agosto u octubre tras una gestación de entre 856 y 972 días.​ Si es hembra, madurará a los dos años de edad, mientras que si es macho todavía le faltará algún tiempo para llegar a la edad adulta. Al parecer, las crías más jóvenes, e incluso algunos adultos, no son capaces de diferenciar a otros Guavoraboles de si mismo lo cual crea incesante peleas entre ellos, y tienden al aislamiento. La esperanza de vida ronda los 50 años.

El desconocimiento de su área de distribución impide saber de cuántos individuos se compone realmente la población mundial de Guavoraboles. Por lo que, a principios de siglo XIX se consideraba prácticamente extinta, conociéndose el paradero de tan solo tres individuos. Hacia comienzos del 2000 someras investigaciones de la Universidad Católica de La Plata en conjunto con el Museo de Ciencias Naturales de dicha ciudad, arrojaron un censo de 25.000 en todo el conurbano bonaerense de Guavoraboles, por lo que se evidencio un crecimiento en su escala reproductiva.

Comunicación y ecolocalización Editar

Los Guavoraboles usan los sonidos y la ecolocalización para, comunicarse, expresarse, cazar y movilizarse en la oscuridad.​ Producen una serie de retumbos guturales, que al atravesar la garganta actúa esta como un lente acústico que los enfoca en un haz, el cual es proyectado hacia adelante penetrando el medio acuático que rodea el animal.​ Las ondas sonoras producidas rebotan en los objetos y regresan en forma de ecos que son escuchados e interpretados por el animal.​ Por medio de este sistema pueden determinar la distancia, velocidad, tamaño, forma e incluso la estructura interna de los objetos cercanos. ​

Su sentido más desarrollado es el oído. Tienen un amplio repertorio vocal con el que comunicarse con individuos de su propia especie, así como con otro tipo de animales, e incluso con las presas, a las que someten a un denso ritual sonoro antes de ser devoradas.

Bibliografía Editar

  • Feldhamer, G.A. (2003). Mammalogy: Adaptation, Diversity, and Ecology. San Francisco: McGraw-Hill.
  • Flannery, T.F. and Groves, C.P. (1998) A revision of the genus Zaglossus (Monotremata, Tachyglossidae), with description of new species and subspecies. Mammalia 62, 367-396.
  • Vaughan, T., Ryan, J. y Czaplewski, N. (1999). Mammalogy. Philadelphia: Saunders College Publishing.

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